martes, 21 de diciembre de 2010

El asesino vuelve casa

Julio de 1996. El Manchester United, vigente campeón de la Premier League, intenta hacerse con los servicios de uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol inglés, Alan Shearer, por aquel entonces en el Blackburn Rovers. Pero el de Gosforth, sentimental como pocos, eligió el club de su ciudad, el Newcastle, segundo clasificado esa temporada. El resto de la historia es de sobra conocida: 148 goles en diez temporadas en St James’ Park -343 partidos- y su nombre escrito con letras de oro en la historia. Para el United ese intento frustrado de conseguir la firma de Shearer supuso la llegada a Old Trafford de un desconocido delantero noruego en una arriesgada apuesta personal de Sir Alex Ferguson.

Ole Gunnar Solskjaer llegó a Old Trafford desde el Molde, donde en 42 partidos había conseguido 31 goles. En una temporada donde la delantera de los diablos rojos estaba monopolizada por Andy Cole y Eric Cantona -que se retiraría al final de ese mismo curso-, el noruego se convirtió en el complemento perfecto, en el jugador número 12, en el “super-sub” de Sir Alex. Dicha campaña, la 1996-1997, el United repitió corona en parte gracias a ese recién llegado al que la mass media británica le colgó el apodo que le acompañaría durante toda su carrera profesional: Babyface killer (asesino con cara de niño). Nunca abandonó el papel de suplente de oro. En el banquillo, su segundo hábitat natural, analizaba el juego, al rival y los espacios que éste le concedía. Entonces Ferguson le mandaba a calentar, el rubio saltaba al campo y, normalmente, marcaba (123 goles anotó en Premier). Marcaba uno, dos, tres y, en ocasiones, marcaba cuatro. Y si no que se lo pregunten a los aficionados del Forest, esos mismos que tuvieron que soportar como Solskjaer, que había entrado a la moqueta a falta de doce minutos para el final, mandaba a Dave Beasant a recojer la pelota en cuatro ocasiones en un recordado 8-1 que los de Manchester endosaron al equipo dirigido por el predecesor de Ferguson en el banquillo de Old Trafford, Ron Atkinson.

Pero su momento de gloria llegó en 1999, en la final de la Champions League. El noruego, suplente una vez más, saltó al césped del Camp Nou con diez minutos por disputarse y con el marcador adverso. Lo ocurrido en esos fatídicos minutos de descuento ya es historia de la máxima competición continental. Primero fue Sheringham y después, Solskjaer, siempre en el sitio oportuno, aprovechó una prolongación del propio Teddy para darle la vuelta al marcador. Ole siguió con su ritmo anotador hasta que en 2004 se le detectó una lesión crónica en la rodilla derecha. Más de un año y medio en el dique seco para un delantero de 32 años hacían presagiar que el final de su carrera estaba cerca. El destino no había dicho su última palabra. Cuando ya parecía encontrar el ritmo de nuevo, jugando varios partidos con el Reserves, Solskjaer sufrió una fractura en su pómulo tras un choque fortuito con Ubo Ehiogu, central del Middlesbrough. En la temporada 2006-2007, ya de vuelta, consiguió un puñado de goles, pero al final de ese mismo año llegó el momento de decir adiós. En la pretemporada de 2008 el United celebró un partido de despedida frente al Espanyol, lo que supuso el último partido del internacional noruego con la camiseta que defendió durante once años.

13 de diciembre de 2010. Minutos antes del inicio del partido Manchester United – Arsenal, los locales celebran otro evento en honor a Ole Gunnar Solskjaer. ¿El motivo? El delantero no había abandonado Manchester aún. Tras su retiro como futbolista pasó a entrenar primero a los delanteros del primer equipo para, posteriormente, hacerse cargo del equipo reserva. Pero  hace unos días saltó la noticia. El asesino volvió a casa, y lo hacía para entrenar al Molde, el equipo que durante dos años celebró sus goles y que ahora celebrará su regreso.

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